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El arte como conocimiento

 

El arte es un modo de conocimiento verdaderamente autónomo, no trata de describir la realidad objetivamente. El campo de las utilidades no constituye su objeto. El arte produce placer pero su función no se restringe a ello. El arte es patrimonio del ser humano quien interpreta la realidad y expone mediante lenguajes que crea, su particular visión de aquélla. La realidad si bien existe fuera del sujeto, es modificada permanentemente por éste, quien con su acción va más allá de los límites de la naturaleza. El arte vive como potencia dentro de los sujetos y sólo llega a su realización a consecuencia de la acción de las personas, que interpretando la realidad externa a partir de sus esquemas previos de conocimiento, la plasman a través de abstracciones codificadas en signos. Tales procesos aportan, nuevos saberes, complejizándolos y ampliando su comprensión acerca del mundo y de la vida.

Los sujetos son los que interpretan y modifican la realidad con su accionar

El arte es, entonces, tanto para el creador como para el observador, una forma de conocimiento que parte de lo sensible y asciende por inducción hasta la abstracción. En este proceso los sujetos asimilan nuevos datos (la información que proviene de las percepciones y la información conceptual), a su esquema previo de conocimiento. Así accede el creador a los objetos particulares que la realidad le ofrece; así accede el observador a la producción artística que se le presenta desde el exterior. A partir de su asimilación, los objetos particulares se transforman en contacto con la historia del sujeto. El observador o el creador asocian estas nuevas ¨comprensiones¨ provocadas en el contacto con el afuera,

con las guardadas en su memoria. Este impacto de lo exterior hacia el interior de los sujetos puede remover la memoria profunda trayendo al consciente sensaciones, sentimientos, hechos, conocimientos , etc. que ya no se recordaban más. A partir de este momento, los sujetos buscan rasgos comunes entre las experiencias vividas y la nueva experiencia y así comprueban que lo que les es allí mostrado ocurre también en circunstancias similares o distintas, más allá de su persona, a nivel social. Por este camino creador y observador llegan a la discriminación y a la generalización. Pero esta discriminación y generalización no son puramente conceptuales; en ellas intervienen todos los aspectos perceptivos, emocionales y racionales-intelectuales-conceptuales.

En una nueva etapa de síntesis otra abstracción llegará a que el creador resuelva su experiencia en una serie de signos y símbolos que formarán parte de su discurso artístico, y a que el observador incorpore una experiencia transformadora en su estructura psíquica que modificará tanto su esquema de conocimiento como también su acción hacia el mundo externo.

En el discurso del creador quedará plasmada su historia, que será una historia social, es decir, tendrá rasgos comunes respecto de la de los otros: ¨El arte es social y si bien su acción se realiza en un individuo en particular, ello no significa que sus raíces y esencias sean individuales. Es ingenuo entender como social sólo lo colectivo, como la existencia de una gran cantidad de personas. Lo social está también donde hay sólo una persona con sus sufrimientos personales. Y por ello el arte, cuando realiza una catarsis e incorpora un fuego depurador de las conmociones más íntimas, más importantes de la vida del alma, constituye la acción social.